En este caso, el lugar elegido es la antigua cárcel de Cáceres, situada en Mejostilla, un espacio actualmente abandonado que se encuentra entre viviendas y centros educativos.
A simple vista vemos un edificio abandonado, ventanas rotas, paredes deterioradas, grafitis… pero lo que hay aquí va más allá del aspecto físico. Este lugar está en medio de un barrio con viviendas y cerca de un colegio. Sin embargo, en lugar de ser un espacio útil para la ciudad, se ha convertido en un símbolo de abandono. Esto refleja un problema social claro como es la falta de cuidado de los espacios públicos y, sobre todo, la pérdida de conexión con nuestra propia historia.
Porque este edificio no es cualquier sitio, aquí ocurrieron hechos importantes que forman parte de la memoria colectiva. Y cuando un lugar así se abandona, no solo se deteriora un edificio: se borra poco a poco su significado.
Y aunque pueda parecer que esto se desvía un poco de la actividad propuesta, en realidad es clave para entender la gravedad del problema. No estamos simplemente ante un edificio abandonado, sino ante un lugar que forma parte de nuestra historia y que, poco a poco, está siendo olvidado.
La antigua cárcel de Cáceres no es solo un conjunto de muros deteriorados. Es un espacio donde, durante años, se vivieron situaciones marcadas por la represión, el sufrimiento y la falta de libertad, especialmente en algunos de los periodos más duros de la historia de España. Entre estas paredes hubo personas que perdieron su libertad, su dignidad e incluso su vida. Sin embargo, hoy ese pasado queda oculto tras el abandono, como si no mereciera ser recordado.
Lo más preocupante no es solo el estado físico del lugar, sino lo que lo rodea. Vivimos al lado de estos espacios, pasamos cerca de ellos cada día, y aun así no nos preguntamos qué ocurrió ahí y el olvido, en cierto modo, es otra forma de injusticia.
Y como como señala José Hinojosa en este video, recuperar estos espacios no es una cuestión estética, sino ética. No se trata solo de restaurar un edificio, sino de reconocer lo que pasó, dar voz a quienes ya no la tienen y evitar que estas historias desaparezcan. Convertir este lugar en un espacio de memoria significaría transformar el abandono en aprendizaje, y la indiferencia en conciencia.
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